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JUDAS PRIEST EN BS AS


1º DE SETIEMBRE, ESTADIO OBRAS.

El primero de Septiembre, una cuenta pendiente con la historia quedó saldada. Resulta que luego de muchos años de amague, uno –sino el mayor- de los más grandes emblemas del Heavy Metal aterrizó en nuestro país con la intención de arrasar con todo. Y, cuan terrible dinosaurio –no uso este término de manera despectiva- devastó la mente de todos los presentes con coletazos de adrenalina.

El show ofrecido por la institución inglesa, a base de poder y energía, dejó en poco más de hora y media –tiempo que duró el show- a todo los espectadores totalmente desgastados y extasiados. Pocos pudieron seguir el constante ritmo de la topadora y todos se fueron impactados ya que rara vez en Buenos Aires, el ciudadano común fue testigo de tanta fuerza.

El show comenzó con un clásico que reafirma como ningún otro el status de la banda, “Metal God”. Lo cual hizo aparecer en el escenario a Ripper Owen vestido con un vistoso saco formado por placas metalizadas. Luego siguieron con “Heading out of the highway” y continuaron con una larga lista de verdaderos clásicos.

Uno los momentos más destacables sucedió durante la ejecución de “Diamond and Rust”, la cual comenzó de manera acústica –haciéndola sonar muy similar a la versión original de Joan Baez- y terminó con un desgarrador solo de viola eléctrica mientras Owen demostraba cuánto sentimiento puede expresar la garganta humana. También fue una masacre de pogo el tema “Painkiller”, donde Ripper hizo el célebre ingreso con su moto de ruedas aserradas. Y la lista continúa con “Breaking the law”, “Victim of changes”, “Electric eyes”, “Living after midnight”, “United” (un tema inesperado realizado en una versión más eléctrica que la original), entre otros. Se podría decir que pasaron por casi toda su discografía, dejando fuera discos como “Rocka Rolla”, “Turbo” y “Ram it down”, lo cual resulta lógico teniendo en cuenta lo intrascendentes que resultaron esas placas en su historia. Sin embargo, y todavía no logro comprender porqué omitieron por completo a “Defenders of the Faith” ya que este resultó un de los mayores exponentes que los británicos compusieron durante toda su carrera. ¿Será porque ellos lo subestiman? Me aventuro a decir eso porque Ripper no se cansa de repetir en todas la entrevistas que, a excepción de “Screaming for vengeance” y “Defenders of the faith” que, según el vocalista, son iguales, Judas jamás repitió su fórmula dos veces.

Con respecto a las performances individuales, debo admirar la labor de Scott Travis quien demostró una polenta y fuerza a la hora de meter palos que lo terminó transformando en uno de los bateros más versátiles que he visto por estos pagos. Tampoco se quedan atrás el dúo de guitarras conformado por Downing y Tipton, las cuales sonaron afiladas y con una naturalidad y compañerismo que sólo 30 años de convivencia logran establecer. Pero tampoco hay que olvidarse del cantante. Owen realizó un trabajo vocal que nos hizo olvidar de Rob Halford. Su estilo es muy más variado y poderoso. Además, y según lo visto durante el show del pelado, Ripper tiene un manejo del escenario y de la multitud muy superior. Basta sólo con decir que en seguida se metió a la audiencia en el bolsillo y a mí me hizo pensar en lo absurdo y perjudicial que sería para el grupo una reunión de la formación original.

Al final, el show terminó con “Hell bent for leather” y la gente salió de Obras en estado de fascinación. Incluso, según hablé con algunos músicos reconocidos de la escena local, algunos se estaban planteando si seguir o tirar todo por la borda.  

Martín Brunás

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ROLDÁN Y EL
METALERO
Episodio # 6
14 - 6- 01